Microrrelato
Madre, fuiste testigo de mi llegada al mundo, en la suave luz del anochecer. Tus brazos fueron mi santuario; tu pecho, manantial de amor inagotable. En cada lágrima vertida, estuviste tú, mi madre, mi guía y mi razón de ser. Tu amor ha sido mi guía en los momentos felices, mi roca en las tormentas, mi consuelo en la tristeza. Te amo con toda la intensidad de mi ser, porque a tu lado descubrí el significado más puro de la palabra amor. ¡Gracias, mamá!
Microrrelato seleccionado para la Antología «Madre, mía».


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