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sábado, 19 de julio de 2025

La vida



La vida es un palimpsesto de instantes: capas de momentos borrados y reescritos, donde lo efímero se encabalga sobre lo eterno. En este devenir, cada alma es un nautilo, construyendo su espiral interior con la meticulosidad de lo inadvertido.

A menudo, nos encontramos en un estado de zugzwang existencial, donde cada decisión —o su ausencia— arrastra consecuencias ineludibles. Y sin embargo, hay belleza en la perplejidad, en el hecho de no saber si somos brújulas o veletas.

Vivimos atrapados entre la ataraxia que anhelamos y la cacofonía del mundo que nos exige. Pero es justo en ese intersticio, en ese claroscuro entre el deseo y la renuncia, donde brota la serendipia —hallazgos fortuitos de sentido entre lo trivial y lo colosal.

La vida, al fin y al cabo, es una danza de epifanías y anacolutos, de descubrimientos que nos desordenan la gramática del alma. Y tal vez, sólo tal vez, vivir bien no sea otra cosa que aprender a conjugar nuestras contradicciones en tiempo presente.




sábado, 12 de julio de 2025

Entre matices


 Nunca había entendido del todo por qué me atraían esas pinceladas abstractas, esas manchas que parecían plumajes en medio del silencio. No eran bonitas en el sentido convencional. No buscaban representar nada. Eran gestos, impulsos, casi espasmos de color sobre un fondo sin expectativas.

Me quedaba frente a ellas como quien escucha un idioma que no domina, pero comprende con el cuerpo. Había algo primitivo en su forma de hablarme, como si se comunicaran desde antes del lenguaje, desde un lugar donde las palabras aún no se habían domesticado.

Una vez, alguien me dijo que aquellas obras eran “inconclusas”. Me pareció una palabra torpe. Porque lo que veía allí no era ausencia, sino exceso. Exceso de intuición, de libertad, de sentido que se negaba a ser traducido. Eran como cartas escritas con pluma rota: desordenadas, imprevisibles, pero cargadas de verdad.

En una de esas visitas al taller de la artista —una mujer callada, de manos siempre manchadas de azul ultramar—, me animé a preguntar qué significaban para ella esas formas. Me miró un segundo y respondió, sin solemnidad:

—Son palabras que todavía no han aprendido a hablar.

Desde entonces entendí que no eran solo manchas. Eran ideogramas del alma, alfabetos de lo oculto, vocablos de una emoción que no se deja atrapar. Mirarlas era asistir al nacimiento de algo: un lenguaje nuevo, sin gramática, sin dictado, sin permiso.

Y en ese caos —o quizás en esa exactitud sin nombre—, descubrí que había belleza. No una belleza pulida, previsible, sino una que vibra en la entraña de lo indócil. Como si esas pinceladas, al fin y al cabo, fueran plumas que escriben lo que no nos atrevemos a decir.

Nuria de E.


sábado, 5 de julio de 2025

Efímeras escarlata

 

"Amapolas y mariposas" de Vincent van Gogh 




Efímeras en escarlata


Brincelas de polen,

amapolios en raudal,

zigzaguean en jable

las lémures alígeras.


Tisnan las corolas,

estambres en pirueta,

fragancia de zócalo

y bucles de heliotropo.


Trémulas crisálidas

en danzón de oquedad

tejen con zafiros

la luz que no posa.


¡Oh, 

pétalo en vilo,

aleteo de eternelia!