haciendo amigos y enemigos,
de trabajo en trabajo, en un
mundo sin color.
El susurro me abriga bajo el
álamo, allá en la pradera,
soy viajera de sueños y de
simplezas.
El riachuelo fluye fresco,
entre renacuajos, hojarasca
y el caudal del agua.
El cielo celeste se cubre de
un manto estrellado que
bajo mis ojos la luna
se asoma sonriente.
Sigo mi camino, siendo
caminante al andar.





