Cuando las palabras ahondan,
es que somos prisioneros.
¡No alcanzará la extraña levedad del que no quiere ver!
Ojos de piedra se rompen
como el cristal.
El presidio puede ser perpetuo,
pero el presente es eterno.
Viento que sopla en el silencio,
y confuso se acerca.
¡Confusión!
Caos, dolor.
La luna es testigo
del amor.
© Nuria de Espinosa

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