Amor que no calcula ni se mide,
que da sin pretensión ni recompensa,
que al alma en su ternura la convenza
de que el dolor por dar jamás incide.
No exige posesión ni que se olvide
la libertad que al ser lo más dispensa,
ni pide más que dar, sin recompensa,
como la flor que al viento se despide.
Es llama que no quema, sino alumbra,
manantial que en la sed nunca se agota,
y en el silencio puro se vislumbra.
Es beso sin temor, palabra rota
que en cada entrega fiel el alma encumbra,
y en cada herida leve, se denota.

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