Cuando el viento tuvo que soplar,
la muerte se negó a olvidar,
lo que debiera expirar,
pero rehusó rechazar,
el silencio y la verdad.
Que ilustre el lema que ofende,
el brillo de las estrellas,
y en su progreso fugaz,
la celeste esfera,
abandona la luna empírea.
Acoge en tus brazos este cuerpo
y muéstrale el sendero del reposo,
donde los ancestros muestren lo
cotidiano que deja paz y sosiego.
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